Por Oralia Acosta G.
(Fotos Claudia Vázquez y Oralia Acosta G.)
“¡Que se jodan los padres, que también violan!”, gritó en seco anoche una de las oradoras que tomó el micrófono desde las escalinatas del Poder Legislativo, ya en el ocaso de la protesta que había iniciado varias horas antes, a eso de las 4:30 en las otras escalinatas, las del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, frente a la Plaza Emiliana de Zubeldía, sitio que ya se ha vuelto el epicentro de las concentraciones más nutridas y también más orgánicas, esas de donde parten marchas auténticas, como ya las quisieran los partidos políticos: sin acarreos, sin voluntades que requieran traslados, solo personas ejerciendo su libertad de manifestarse.
Ayer eran solo mujeres las convocadas, pero también había hombres apoyando la causa del 8M.
Todas llegaron por su pie, por su férrea voluntad de marchar para protestar en las sedes de los Poderes del Estado, eso dijeron en el arranque de la marcha, pero en realidad solo se dirigieron al Legislativo y al Judicial, el Palacio del Poder Ejecutivo quedó atrás, intocado.
La tarde caía sobre Hermosillo, pero el calor no venía del sol de marzo, que fue amable con la causa- sino de la fuerza de cientos de mujeres que, poco después de las cuatro, comenzaron a tapizar de violeta y verde las escalinatas del Museo de la Unison, la que no portaba una playera morada, cubría su cabeza con un paño púrpura o del color de la lucha a favor del aborto.
El ambiente se encendió con el ritmo ancestral de los tambores. Las integrantes del colectivo o colectiva Flores del Desierto marcaron el pulso de la tarde con cantos que parecían oraciones de guerra y esperanza. Cuando el contingente comenzó su andar por el bulevar Rosales, la ciudad se detuvo.
–“Mujer escucha, esta es tu lucha”, “Ni una más, ni una más”, “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”-, coreaba el contingente mientras avanzaba la ola morada.
Entre el mar de carteles que exigían justicia por la violencia feminicida y el derecho a decidir, la marcha avanzó hasta el Congreso del Estado.
Allí, el aire se volvió pesado por unos momentos, cuando se abrió espacio para el pase de lista con los nombres de las mujeres asesinadas durante 2025: ¡Eva Palafox, Paula Joseth, Viviana Rivas, Alejandra Landeros!, ¡Justicia!, repetía el contingente tras cada nombre.
Luego vinieron los mensajes de las colectivas de mujeres convocantes de la marcha, quienes, centraron, entre los reclamos de la protesta de este 2026, el clamor por aprobar en Sonora la despenalización del aborto.
Una lona que colgaron a las puertas del recinto Legislativo, era un llamado al gobernador Alfonso Durazo a cumplir con esa demanda de las colectivas sonorenses. En el discurso instaron a cumplir con el mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Hablaron también de la reducción de la jornada laboral a 40 horas, de la desigualdad laboral, de las desaparecidas y tomaron la palabra sobrevivientes de diferentes tipos de violencia con dolorosos testimonios que ya pocas escucharon porque vino en ese momento una explosión, una de un total de 15, que provenían del edificio de enfrente.
Y es que el momento estelar, como lo ha sido en los últimos años, se vivió a las puertas del Poder Judicial. El reclamo de justicia se volvió fuego y pintas. En los muros quedaron grabados, con más rabia que tinta, los nombres de quienes han causado daño, y los reclamos por las féminas agredidas o muertas a manos de hombres a los que no ha alcanzado la justicia que supuestamente se imparte en ese recinto.
Mientras las llamas consumían pancartas frente a una puerta, el contingente gritaba “No fue una, fuimos todas”, para blindar la acción colectiva, mientras salía humo violeta y púrpura desde diferentes puntos.
En medio del clímax de la protesta, que se prolongó por varias horas, la tensión también alcanzó a la labor informativa, ya que algunas manifestantes en repetidas ocasiones formaron vallas humanas y cubrieron los lentes de las cámaras de la prensa que cubríamos el evento, impidiendo que los medios documentaran de cerca los daños al inmueble, ello pese a que las jóvenes encargadas de encender el fuego vestían todas de negro y llevaban cubierto el rostro con pasamontañas y lentes.
Las puertas del Supremo Tribunal permanecieron incólumes pues fueron blindadas con anticipación con un portón interior de lámina, sin embargo, los cristales de las ventanas del lado poniente del edificio sí fueron reventados a pedradas por las encapuchadas, pero con bastante ayuda de un par de jóvenes varones, también camuflados de negro.
Ya era de noche cuando una joven más, que debió ser la primera, se animó a tomar el micrófono y lanzó esa desgarradora sentencia: los padres también violan. No se refería a los padres de la iglesia. Se refería al suyo. Y le rayó la madre a su padre y a todos y todas las personas que callaron y no hicieron nada. Y su sonoro reclamo ayer tampoco fue escuchado por muchas ni por muchos, porque, aunque el micrófono seguía abierto, la gran mayoría de las mujeres ya se habían dispersado. El mensaje quedó en el aire, haciendo eco seguramente en otra jovencita que media hora antes había gritado que ella fue abusada desde la cuna, pero no podía decir nombres porque esa persona aún estaba en su familia.
Cuando el fuego, el humo y los olores a solventes se extinguieron, el edificio del Poder Judicial quedó bajo el resguardo de cintas amarillas y patrullajes, ya más visibles, de la Policía Municipal de Hermosillo.





